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Mujer deja a papá en una residencia y nunca lo visita: recibe carta suya tras su muerte - Historia del día

Georgimar Coronil
21 abr 2022
03:30
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Una mujer abandona a su padre en una residencia de ancianos y nunca lo visita. Sin embargo, se arrepiente de su decisión cuando recibe una carta de él, después de su muerte.

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La hija de José y Erika García, Kimberly, era una princesa mimada de papá que nunca se conformaba con algo que no le gustaba. La dama no descansaba hasta conseguir lo que quería.

José y Erika pensaron que una vez que su hija se convirtiera en adulta, superaría su comportamiento inmaduro. Pero eso no ocurrió. En lugar de eso, Kimberly se convirtió en una persona vengativa que, a pesar de las súplicas de su padre, no asistió al entierro de su madre y declaró que enviaría a su padre a un asilo cuando cumpliera 83 años.

"¿Asilo de ancianos?", José se estremeció al oír eso. "Pero, cariño, estoy bien en casa. Sé que no puedo hacer las cosas por mí mismo, pero una pequeña ayuda como una enfermera sería suficiente".

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"Bueno, papá", dijo Kimberly. "Eso requeriría mucho dinero. Deberías alegrarte de que tu pensión te permita sobrevivir aquí. No puedo pagar una enfermera, ya que mis finanzas no están bien. Y ambos sabemos que tu pensión no va a cubrirlo".

"Pero cariño", dijo él. "Una residencia de ancianos también te cobraría".

"En realidad no, papá", replicó Kimberly. "He mirado unas cuantas que te pueden acoger gratis y, bueno… No puedo seguir visitándote todos los días. Pero tal vez podría sacar tiempo una vez al mes".

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A José se le saltaron las lágrimas cuando Kimberly dijo eso. Era cierto que había agotado los ahorros de toda su vida para que Erika recibiera tratamiento después de que le diagnosticaran cáncer y no podía permitirse un cuidador personal, pero una residencia de ancianos, especialmente una gratuita, sería peor que su situación actual.

Sin embargo, a Kimberly eso no le importaba. Unas horas más tarde, lo dejó en un edificio oscuro y lúgubre con el nombre de "Hogar de Ancianos" y se marchó.

"No te preocupes, papá", le dijo antes de irse. "Puede que sea difícil al principio, pero te acostumbrarás a la vida aquí, y en cuanto a nuestra casa, la pondré en alquiler".

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José miró a su hija, con los ojos llenos de lágrimas, cuando se alejó, y estaba temblando mientras un ayudante empujaba su silla de ruedas hacia el interior. Desde el interior, el lugar no parecía tan malo, y tenía su propia y modesta habitación. Pero a pesar de que había mucha gente a su alrededor, estaba solo.

Hombre con las manos en el rostro. | Foto: Pexels

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Durante el primer mes de su estancia, esperaba con entusiasmo la visita de Kimberly. Pero, para su disgusto, ese día nunca llegó. De hecho, ella no le devolvió las llamadas, y la historia se repitió durante los meses siguientes.

Kimberly no le visitó durante varios meses, lo que le hizo sentirse bastante triste. Pero todo cambió una mañana...

José estaba sentado en la sala, perdido en sus pensamientos, cuando fue interrumpido por una suave voz. "¡Hola, me llamo Paul! Y tú eres...".

José levantó la vista para ver a un hombre de unos veinte años con una amplia sonrisa. "Buenos días, Paul. Me llamo José. ¿Has venido a ver a alguien?".

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"Oh, no", sonrió. "Solo soy un voluntario... En realidad, te contaré un pequeño secreto. El caso es que... después de que mi familia se mudara de Madrid a Valencia cuando yo tenía 5 años, mi abuela se quedó en Madrid, y mis padres no tuvieron suficiente tiempo para ella, así que se sintió sola, y murió cuando yo tenía 10 años. Se podría decir que soy un poco egoísta al venir aquí porque echo mucho de menos a la abuela".

"Estamos aquí porque nuestros hijos no nos querían o porque no teníamos a nadie a quien llamar familia. Mi hija me abandonó aquí y ni siquiera me ha hecho una visita. Me culpo por esto porque creo que le permití demasiada independencia. Ojalá no lo hubiera hecho... entonces no estaría aquí".

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"Bueno, José, ¿qué tal si nos hacemos amigos? Estoy seguro de que no odias el béisbol ni las películas de Marvel. Supongo que estamos bien mientras no tengamos desacuerdos en eso".

José rio. "¡Bueno, lo único que diría es que no puedes ser más fanático del béisbol que yo!".

Joven. | Foto: Unsplash

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"¡Muy bien, señor! Te doy la razón en eso". Paul respondió con una sonrisa. "Por cierto, tengo que irme. Nos vemos".

"Hasta pronto, Paul...".

José observó a Paul alejarse, sin entender cómo un desconocido había cambiado por completo su estado de ánimo. Llevaba mucho tiempo sintiéndose solo e infeliz, pero después de solo unos minutos de hablar con Paul, se sentía vivo y alegre.

A partir de ese día, Paul y José empezaron a pasar más tiempo juntos, hablando de todo lo que se les ocurría, incluyendo películas, libros e incluso las citas a ciegas de Paul. José sentía que estaba viendo una versión más joven de sí mismo en el chico, y esperaba que Kimberly lo amara de la misma manera que Paul.

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Pero, trágicamente, eso no ocurrió. Pasaron los años y Kimberly ni siquiera le llamaba, y mucho menos le hacía una visita. Y a pesar de los esfuerzos de Paul por aliviar la soledad de José, con el paso del tiempo, su remordimiento por no haber visto a su hija hizo afectó su salud, y un día murió mientras dormía.

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Paul se encargó de los preparativos del funeral de José y se puso en contacto con Kimberly para el servicio. Pero ella dijo que no podría ir y colgó. Sin embargo, cuando el abogado de José, el Sr. Suárez, la llamó, cambió de opinión.

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El Sr. Suárez le dijo a Kimberly que su padre había escrito un testamento unos meses antes, en el que pedía que le entregaran un sobre. Kimberly supuso que debían ser los papeles de su antigua casa, así que se alegró mucho y tomó el primer vuelo para reunirse con él.

Pero cuando llegó, se sorprendió al ver a Paul allí, hablando con el Sr. Suárez. "Señor Suárez, ¿quién es él?", preguntó ella.

Personas conversando. | Foto: Pexels

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"¡Señorita García!, ha venido en el momento justo. Tengo que hablar con usted de algo".

"¿Sí?".

"Le presento a Paul Santamaría. Siento decirle esto, pero tendrá que pedirle a los inquilinos de la casa de su padre que se muden pronto, ya que el Sr. Santamaría tiene intención de venderla."

"¿Qué? ¿Quién es él para decidir eso? ¡Esa casa es mía! Papá me la dejó a mí!", expresó Kimberly, demasiado segura de que la propiedad de su padre era ahora suya.

"Bueno," el Sr. Suárez se aclaró la garganta. "Me temo que hay un malentendido aquí. Su padre me pidió que le enviara esto. Es una carta que quería darle".

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"¿Una carta?" Kimberly no entendía lo que estaba pasando, pero todo empezó a tener sentido cuando abrió la carta. Había una foto de José y Paul en su interior, que parecían tan felices como siempre, y una pequeña nota que decía: "Desgraciadamente, el corazón de un padre, una vez roto, no se puede reparar. Tienes lo que te mereces, Kimberly. El dinero nunca puede comprar una familia o el respeto".

"¡¿Qué tontería es esta?!" Kimberly arremetió contra Paul. "¡Te veré en los tribunales! No dejaré que te salgas con la tuya", amenazó antes de marcharse.

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Pero todo fue en vano. El tribunal concluyó que Paul lo había heredado todo equitativamente y, además, Kimberly ya había recibido su herencia, la carta.

Hombre en silla de ruedas. | Foto: Shutterstock

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

No trates a tus padres como si no fueran importantes: Kimberly descuidó a José y solo lo consideraba una carga.

No puedes evitar el karma: Kimberly fue desheredada y recibió exactamente lo que merecía.

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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