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Anciana visita la tumba de su esposo y ve a dos niños pequeños parados allí - Historia del día

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Una mujer mayor decidió visitar la tumba de su esposo que había fallecido recientemente. Allí encontró a dos niños pequeños esperándola. No sabía quiénes eran, pero ese encuentro cambiaría su vida para siempre.

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Bárbara Lagos tenía poco más de 70 años cuando murió su esposo Jonathan. Se sentía muy sola, pues había estado junto a él durante años y se había acostumbrado a tenerlo a su lado.

Los dos nunca tuvieron hijos porque su esposo no quería. Ella aceptó este hecho y, en cambio, encontró consuelo en cuidar su jardín, donde cultivaba hierbas y flores.

Dos niños parados frente a una tumba en un cementerio. | Foto: Shutterstock

Dos niños parados frente a una tumba en un cementerio. | Foto: Shutterstock

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Después de la muerte de Jonathan, Bárbara continuó con su rutina diaria. La diferencia era que ya no tenía a su esposo con quien compartir conversaciones y comidas.

Lo extrañaba mucho, así que visitaba su tumba todas las tardes para pasar tiempo con él. Un día, se sorprendió al ver a dos niños jugando frente a la lápida de su esposo.

Eran un niño y una niña. Bárbara supuso que eran hermanos, pues se parecían. “Hola, chicos. ¿Están perdidos?”, les preguntó después de notar que no había ningún adulto alrededor.

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El niño negó con la cabeza. “¿Es esta la tumba de Jonathan Lagos?”, preguntó de vuelta.

Bárbara se detuvo un momento, sorprendida de que el chico supiera el nombre de su marido. “Pues, sí, esta es”, respondió ella.

Los niños le sonrieron a Bárbara y comenzaron a saltar. “Estamos esperando a la Sra. Bárbara Lagos”, dijo la niña de repente. “¡Ella es nuestra abuela!”.

Bárbara estaba confundida. Su corazón comenzó a latir rápidamente. “¿Abuela?”, pensó para sí misma. “¿Cómo podría tener nietos si nunca tuvimos hijos?”.

Una mujer mayor en un lugar abierto con gente alrededor. | Foto: Pexels

Una mujer mayor en un lugar abierto con gente alrededor. | Foto: Pexels

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Su mente de repente comenzó a jugar diferentes escenarios en su cabeza. ¿Jonathan había sido infiel?”, pensó. Aunque era doloroso, era la única explicación plausible que se le ocurría.

“¿Cómo se llaman, niños? ¿Y dónde están sus padres?”, preguntó la mujer.

“Me llamo Esteban, tengo 10 años, y esta es mi hermana Linda, tiene 6 años. No tenemos padres”, respondió el chico en voz baja. “Hemos estado viviendo con nuestra tía Ana, una amiga de nuestra mamá. Ella está en el hotel a solo dos calles de distancia”, agregó.

Bárbara revisó su bolso para buscar la manta que siempre llevaba al cementerio. La colocó en el suelo y pidió a los dos niños que se sentaran con ella. Sacó el sándwich que había guardado para ella y lo compartió con los niños.

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“Soy Bárbara Lagos”, les dijo tan pronto como se instalaron. “Pero nunca tuve hijos... Me pregunto por qué creen que soy su abuela”, admitió la mujer.

Los niños se miraron, confundidos. “Bueno, nuestra madre se enfermó y dijo que necesitaba volar de regreso a su hogar en el cielo. Nos aseguró que no estaríamos solos porque teníamos una abuela llamada Bárbara Lagos”.

Dos niños sonrientes parados frente a una casa. | Foto: Pexels

Dos niños sonrientes parados frente a una casa. | Foto: Pexels

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“¡Esa eres tú! Queríamos encontrarte, así que le pedimos a nuestra tía que nos ayudara”, dijo Esteban.

“Después de semanas de tratar de encontrarte, nuestra tía descubrió que vivías en esta ciudad. Hubo una publicación en línea sobre la muerte de Jonathan Lagos, así que visitamos este cementerio”.

“El cuidador del lugar dijo que te encontraríamos aquí porque venías todos los días”, reveló el chico.

“Ya veo”, respondió Bárbara, todavía confundida acerca de por qué la madre de los niños les había dicho que ella era su abuela. “¿Cómo se llamaba su mamá?”, les preguntó.

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“Amanda Bermúdez”, respondió Linda.

Bárbara respiró profundo. “¡Esto no puede ser verdad!”. Ella reconocía muy bien ese nombre y no podía creerlo. “¿Todavía viven en el pueblo vecino? ¿Se saben su dirección?”, les preguntó, pues quería echar un vistazo a la vida de Amanda.

El chico asintió. Bárbara explicó que solía vivir en el mismo pueblo cuando era más joven y que conocía el lugar.

Una mujer dándole un beso a una niña. | Foto: Pexels

Una mujer dándole un beso a una niña. | Foto: Pexels

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Antes de llevar a los niños con su tía al hotel, decidió preguntarles una cosa más. “¿Cuéntenme por qué su mamá les dijo que yo era su abuela?”.

“Antes de volar al cielo, mamá dijo que nunca te volvió a encontrar después de que te casaste con el Sr. Lagos. Ella sabía que nos amarías, así que le pidió a nuestra tía que nos ayudara a encontrarte”, explicó Esteban.

La mujer no pudo evitar llorar. De hecho, conocía muy bien a Amanda Bermúdez. Hace años, Bárbara había trabajado en un orfanato como enfermera. Allí había conocido a una niña que le robó por completo el corazón: Amanda.

La mujer le daba regalos que disfrutaba, cosas como osos de peluche y un libro del Mago de Oz. Tenían una fuerte conexión y pasaban todas las tardes jugando y hablando.

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Bárbara decidió que quería adoptar a la niña, pero su entonces novio, Jonathan, se opuso. No quería ser padre y Bárbara respetó su decisión. Se mudaron a una ciudad diferente y nunca más supo de Amanda.

Cuando la mujer llegó a la casa de la madre de los niños, estaba cerrada. No se sorprendió. Recordó que los pequeños le habían dicho que Amanda había fallecido. Este pensamiento la entristeció y la hizo llorar.

Una mujer recostada en una cama de hospital. | Foto: Pexels

Una mujer recostada en una cama de hospital. | Foto: Pexels

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Decidió llamar a la puerta de un vecino y le explicó quién era. “Conocí a Esteban y a Linda hoy temprano, y me dieron esa dirección. Ya no viven allí, ¿cierto?”, preguntó Bárbara.

El vecino negó con la cabeza. “Los niños han estado viviendo con la amiga de Amanda, Ana. Dejaron todas sus cosas en la casa de su madre porque Ana no planeaba quedarse con ellos por mucho tiempo”.

“Ella los pondrá en un orfanato una vez que se mude a otro estado”, reveló.

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Bárbara se llevó una mano a la boca, sorprendida por esta revelación. “No quisiera que esos pobres niños terminaran en un orfanato. Su madre sufrió el mismo destino hace años”, dijo, con lágrimas en los ojos.

El vecino se dio cuenta de que a Bárbara realmente le importaban los niños. Se ofreció a abrir la casa para que ella viera lo que había dentro.

“Tengo la llave de repuesto de la casa de Amanda en caso de que sus hijos alguna vez decidan meter algo dentro. Me la dejó antes de morir”, dijo el hombre.

Una pareja abrazada mirando un paisaje montañoso. | Foto: Pexels

Una pareja abrazada mirando un paisaje montañoso. | Foto: Pexels

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Mientras Bárbara estaba en la vivienda, encontró los osos de peluche que le había dado a Amanda y el libro del Mago de Oz también. Justo en frente de los osos, encontró un sobre sellado. Inmediatamente lo tomó. Pero decidió que lo revisaría después.

Esa noche, la mujer leyó la carta que estaba dentro del sobre. Esta decía:

“Querida Bárbara,

¿Cómo estás? Te extraño extremadamente. Aunque no me adoptaste hace muchos años, todavía te considero mi verdadera madre, la única figura materna en mi vida. No tenía suficientes recursos para encontrarte, pero realmente quería presentarte a mis hijos mientras tuviera la oportunidad. No sé cuánto tiempo me queda, pero realmente espero que Esteban y Linda puedan conocerte incluso cuando me haya ido. Con mucho amor, Amanda”.

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La mujer lloró, apretando la carta contra su pecho. Aunque amaba mucho a su esposo, se preguntaba por qué él nunca había querido tener hijos, a pesar de que sabía que ella deseaba mucho ser madre.

Sin dudarlo, decidió hacer lo que no pudo cuando era más joven. Se reunió con Ana, Esteban y Linda, y reveló sus intenciones de adoptar a los niños.

Dos niños sentados sobre un banquillo frente a un lago. | Foto: Pexels

Dos niños sentados sobre un banquillo frente a un lago. | Foto: Pexels

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“Ana, me enteré por uno de los vecinos de Amanda que planeas llevar a los niños a un orfanato. ¿Es eso cierto?”, preguntó ella.

La mujer miró a Bárbara con timidez, asintiendo. “Lo siento. Pero no puedo responsabilizarme de dos niños por mi cuenta. Amanda no dejó dinero y yo simplemente no puedo. Me mudaré a otro estado para trabajar y lo que ganaré no me alcanzará para mantenerlos”, explicó.

“No te preocupes. No fue mi intención juzgar tu decisión”, dijo Bárbara. “Solo quería aclarar eso porque espero adoptar a Linda y a Esteban. Estaré encantada de cuidarlos”, reveló.

Los niños se emocionaron. “¡Mamá tenía razón! ¡La abuela Bárbara nos cuidará y nos amará!”, dijo la niña.

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La mujer mayor comenzó a tramitar el proceso para adoptar a los pequeños. A los 60 años, encontró una gran razón para mantenerse en forma y saludable y vivir una vida larga.

Bárbara ahora tenía dos hijos a los que amar y atesorar y finalmente podía vivir la vida que siempre había soñado.

Una persona firmando unos documentos. | Foto: Pexels

Una persona firmando unos documentos. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Los niños son bendiciones. Bárbara nunca llegó a vivir su sueño de ser madre cuando era más joven, a pesar de que quería tener hijos. Cuando tenía 70 años, en un momento en que se sentía extremadamente sola, se le dio la oportunidad de convertirse en madre de dos hermosos niños.

Nunca es demasiado tarde para empezar de nuevo. Bárbara nunca imaginó que alguna vez se convertiría en madre, especialmente a una edad tan avanzada. Había aceptado su destino y, en cambio, encontró alegría en otras cosas. Sin embargo, a los 70 años, se le dio un nuevo comienzo, lo que le permitió vivir la vida que siempre quiso.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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