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Niña le pide a desconocido que la ayude a encontrar a su papá y le da un papel con su dirección - Historia del día

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Un hombre vio a una niña en la parada del autobús. Ella se acercó a él y le preguntó si el próximo transporte podría llevarla a un lugar específico escrito en una nota que le había mostrado.

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Daniel estaba esperando el autobús para ir a casa. Después del trabajo, había estado haciendo recados durante un largo rato, pero finalmente terminó y estaba listo para descansar.

Se sentó en el banco de la parada y esperó a que llegara el vehículo. Con suerte, no tomaría mucho tiempo.

Banquillo en una parada de autobús. | Foto: Pexels

Banquillo en una parada de autobús. | Foto: Pexels

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De repente, vio a una niña cerca de él, y ella le tocó suavemente el hombro. “Hola, señor. ¿Puedo usar este autobús para llegar a este lugar?”, preguntó la niña algo nerviosa. Luego le entregó un papel a Daniel.

La niña le entregó una nota al hombre, él la agarró y la miró. Estaba algo perplejo porque esta pequeña no debería haber estado sola en la calle buscando subirse a un autobús.

Pero sucedió algo aún más impactante. Él se sorprendió al ver su propia dirección escrita en el papel. Tenía que ser un error. “¿Por qué quieres ir a ese lugar, pequeña?”, le preguntó y le devolvió el papel.

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“Tengo que encontrar a mi papá. Mami me dio este papel y dijo que él estaba allí”, respondió la niña. Daniel no pudo ocultar su sorpresa.

Eso era imposible. Era la dirección de su casa, y él nunca había tenido un hijo, pero ahora tenía curiosidad. “¿Dónde está tu mami?”.

“Ella está en el hospital. Se enfermó hoy. Tengo que encontrar a mi papá, así que no estaré sola”, explicó, mirando al hombre con seriedad, pero él estaba aún más atónito por sus palabras.

“¿Su madre le había dicho que buscara esta dirección, así como así?”, se preguntó en silencio.

Una niña sonriente con un gorro sobre su cabeza. | Foto: Pexels

Una niña sonriente con un gorro sobre su cabeza. | Foto: Pexels

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Vivían en un pequeño pueblo relativamente seguro, pero aun así era una tarea peligrosa, especialmente para una niña tan pequeña. Podría ser secuestrada o algo peor.

Llegó el autobús y Daniel decidió guiarla. “Este es el vehículo que te llevará a esa dirección. Estaré contigo”, le aseguró, y la pequeña asintió tomando la mano del hombre con la mayor confianza del mundo.

Daniel no podía creerlo porque nunca había sido bueno con los niños, pero esta niña parecía creer en él implícitamente. De repente sintió que un instinto protector se apoderaba de él, y decidió que no la iba a dejar sola.

Subieron juntos al autobús y estuvieron en silencio durante el viaje. “Ya llegamos. Vamos”, dijo él y se puso de pie, guiándola fuera del autobús.

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Estaban parados frente a su casa, y la niña se sorprendió cuando abrió la puerta. “¿Usted vive aquí?”, preguntó ella con sus ojos muy abiertos y curiosos.

“Sí. Esta es mi casa”.

“Entonces, ¿conoce a mi papá?”, ella continuó.

“Bueno, no sé. Cuéntame más sobre ti. ¿Cómo te llamas? ¿Cómo se llama tu madre?”.

“Mi nombre es Lisa y mi mamá es Lina”, respondió ella.

Parada de enfermeras en un hospital. | Foto: Unsplash

Parada de enfermeras en un hospital. | Foto: Unsplash

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Daniel frunció el ceño porque no conocía a nadie en el pueblo llamado Lina, pero tal vez podría hacer algunas llamadas. Estaba decidido a ayudar a esta niña, y algo se le ocurrió de repente. “¿Puedo ver la nota de nuevo?”, le dijo, y la pequeña le entregó el papel.

Vio la dirección una vez más, confirmando que era, de hecho, su casa, pero había algo al otro lado. Decía: “Hospital Betancourt. Te lo explicaré todo”.

El hombre frunció el ceño. “Dijiste que tu mamá estaba en el hospital, ¿verdad?”, preguntó él, y ella asintió pensativa. “Está bien, vamos a visitarla”.

Daniel volvió a agarrar la mano de la niña y tomaron otro autobús para llegar al hospital. Preguntó por alguna mujer llamada Lina admitida ese día en la estación de enfermeras, y una de ellas negó con la cabeza.

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“No hay nadie con ese nombre aquí. Hay una mujer que se llama Linda, si eso ayuda”, reveló la enfermera, y algo en el cerebro de Daniel hizo clic.

La pequeña no había podido pronunciar correctamente el nombre de su mamá. Su madre era Linda y Daniel la conocía. Habían tenido un romance fugaz años atrás y no se habían vuelto a ver.

“¿Puedo verla? Estoy con su hija”, preguntó el hombre, haciendo un gesto hacia la niña que todavía agarraba su mano.

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“Sí, pero acaba de salir de la cirugía. Es posible que no esté consciente por un tiempo”, explicó la enfermera mientras le anotaba el número de su habitación.

Una mujer recostada en una cama de hospital. | Foto: Unsplash

Una mujer recostada en una cama de hospital. | Foto: Unsplash

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Daniel y Lisa llegaron allí y la niña corrió hacia la cama. Pero aún a su edad, sabía que su madre se encontraba en un estado delicado. Entonces, con cuidado agarró su mano y comenzó a hablar suavemente. Los ojos de Linda se abrieron y le sonrió débilmente a su hija.

“Un hombre me ayudó a llegar aquí. ¡Vive en la dirección que me diste, mamá!”, reveló la niña de repente, señalando a Daniel, quien estaba parado más cerca de la puerta.

“¿Linda?”, respiró y se acercó.

“Daniel”, dijo la mujer suavemente mientras trataba de levantarse, pero el hombre la detuvo antes de que se levantara.

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“Lo siento mucho por esto. Estoy segura de que tienes un millón de preguntas”, le dijo ella.

"Sí. Pero podemos guardarlas para otro momento. Descansa por ahora”, le dijo él y agarró una silla para sentarse a su lado. Encendió la televisión para distraer a Lisa y esperaron a que su madre se despertara de nuevo.

La niña se durmió rápidamente y Linda se despertó unas horas más tarde. Ahora podrían hablar más en privado.

“¿Por qué enviaste a esa niña sola a esta extraña búsqueda, Linda? Fue una locura. ¿Por qué no me llamaste?”, preguntó Daniel.

Él ya sospechaba quién era el padre de Lisa, y su madre necesitaba saber lo peligroso que había sido eso.

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“Lo sé. Fue una locura. Pero he estado enferma por un tiempo, y todos mis amigos me abandonaron. Ninguno vigilaba a Lisa, pero no sé en qué estaba pensando en enviarla a buscarte así”.

Una pareja con una niña realizando las compras en un supermercado. | Foto: Pexels

Una pareja con una niña realizando las compras en un supermercado. | Foto: Pexels

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“Lo que pasa es que solo recordaba tu dirección, no tu número de teléfono, y no sabía qué más hacer. Creo que mi cerebro estaba demasiado cansado para pensar correctamente”.

“Pero supongo... te has dado cuenta de que ella es tu hija”, trató de justificar, sus palabras salían lenta y débilmente.

“Sí, lo supe de inmediato cuando la enfermera dijo que tu nombre era Linda. Lisa dijo que te llamabas Lina”, agregó Daniel.

La mujer rio débilmente. “Ah, ella hace eso”.

“Vamos a resolver las cosas, Linda. ¿De acuerdo? Deberías habérmelo dicho cuando quedaste embarazada. Habría intervenido, pero bueno, eso ya está en el pasado. Ahora estaré presente”, afirmó Daniel y Linda asintió con una débil sonrisa.

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Afortunadamente, ella mejoró bastante pronto después de la cirugía y comenzaron a compartir las tareas de crianza de la niña. Lisa incluso se quedaba algunos fines de semana con él.

En su mayoría los dos padres hablaban de su pequeña niña, y las cosas estaban tranquilas. Pero eventualmente, descubrieron todas las cosas que tenían en común, y él esperaba verlas a ambas todos los días.

Eventualmente, Daniel se dio cuenta de algo un día y fue directamente a la parada de autobús donde sabía que Linda se bajaba después del trabajo para recoger a Lisa del preescolar.

Un banquillo en una parada de autobús. | Foto: Pexels

Un banquillo en una parada de autobús. | Foto: Pexels

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“Hola. ¿Qué haces aquí? ¿Querías recoger a Lisa hoy?”, le preguntó Linda con una gran sonrisa.

“En realidad, no”, dijo él mientras le sonreía tímidamente a la madre de su hija. “Pero me preguntaba si podrías ayudarme a encontrar esta dirección”.

Linda sonrió, pero quedó confundida cuando tomó la nota que le dio. Tenía la dirección de su casa. Ella se rio en voz alta esta vez. “¿Qué estás haciendo?”.

“Volteala”.

Así lo hizo la madre, y en el reverso decía: “¿Te casarías conmigo?”.

Linda se llevó la mano a la boca y casi empezó a llorar. “Sí”, susurró, y Daniel la levantó en sus brazos en un fuerte abrazo.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Sería mejor no tomar decisiones por otras personas. Linda debería haberle dicho a Daniel cuando quedó embarazada, y podrían haber decidido qué hacer juntos.

Ten siempre un plan B para tus hijos. Aunque todo salió bien, Linda no debería haber enviado a su hija a esa peligrosa búsqueda. Algo podría haberle pasado. Debería haber contactado a Daniel antes o haber tenido otro plan para Lisa.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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