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Abuela oye a su nieto burlarse de niño que vive en una camioneta y usa ropa vieja - Historia del día

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Una abuela se decepcionó al descubrir que el nieto que había criado se burló de un niño que vestía ropa sucia y vieja, y que vivía en una camioneta.

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Miguel fue criado por su abuela, Betty, quien se ganaba la vida gracias a su negocio de sastrería. Ella trabajaba mucho y dejaba a su nieto en manos de sus maestros en la escuela. Ella pensaba lo estaban educando para que fuera una buena persona.

A los 13 años, el chico solo tenía dos amigos con los que siempre se quedaba en la escuela. De todas las cosas que hacían juntos, los niños disfrutaban más burlándose de Kevin, el niño más pobre de su clase.

Un día, Miguel se burló de Kevin apenas entró al salón de clases porque estaba vistiendo una camiseta estampada de un videojuego que ya no era popular. La camisa estaba vieja y desgastada.

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“¿Retrocedimos a 2005? ¿Por qué llevas una camiseta tan vieja? Ya nadie juega ese juego”, se burló Miguel.

Kevin miró hacia abajo y siguió caminando hacia su silla. Decepcionado de que el chico no respondiera, Miguel decidió seguir burlándose de él. “¿Tus padres son tan pobres que no pueden gastar cinco dólares para comprarte una camisa nueva?”, dijo riendo.

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Esta vez, Kevin decidió hablar. Mientras se sentaba en su silla, justo en diagonal a donde se sentaba Miguel, dijo: “Mi padre no vive con nosotros y mi madre acaba de perder su trabajo. No me importa usar lo que sea, siempre y cuando pueda ir a colegio”.

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La profesora había entrado en el salón en ese momento. Llevaba una bolsa llena de ropa. Captó el intercambio entre Miguel y Kevin, por lo que llamó la atención del primero.

“Ya basta, Miguel. No hay nada de malo en lo que lleva puesto Kevin. Y tú, ¡te alegrará saber que tus otros compañeros de clase han recogido ropa para que la uses!”, le dijo la docente a Kevin. La maestra colocó la bolsa de ropa junto a la mesa del chico, y él no pudo evitar sonreír. “Gracias a todos. Lo aprecio mucho”, dijo.

Una mujer sosteniendo una caja de plástico llena de ropa donada. | Foto: Pexels

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Cuando la docente regresó a su escritorio, Miguel continuó burlándose de su compañero. “Eres como un indigente, aceptando ropa usada. Ya entiendo por qué toda tu ropa está gastada. Te dan la que ya no quieren usar”, susurró para que su maestra no pudiera escuchar.

Durante su tiempo de descanso, Miguel vio que Kevin estaba jugando con una tableta muy vieja. Le arrebató el dispositivo al chico y se rio. “¿Esta cosa siquiera funciona? ¡Esto es antiguo!”.

“Déjame en paz. No te estoy haciendo nada. ¿Por qué sigues atormentándome? Solo devuélvemela”, dijo Kevin en voz baja.

“Tómala entonces”, dijo Miguel, arrojando la tableta a los pies de Kevin. Cayó al suelo y se estrelló. El chico suspiró, levantándola para ver si todavía funcionaba.

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“Tal vez si rezas lo suficiente, obtendrás algo como esto de uno de tus donantes”, dijo Miguel, agitando su nueva tableta en el aire. “Eres un perdedor”, agregó antes de alejarse.

Ese día, la abuela Betty recogió a su nieto después de la escuela. Se dirigían a otra ciudad ese fin de semana para entregar un par de prendas que había fabricado en su tienda.

Al salir de la ciudad, Miguel vio a Kevin. Estaba en la parte trasera de una vieja camioneta, arreglándose un lugar para dormir con un viejo colchón, una manta y una almohada.

Un chico utilizando una tableta. | Foto: Pexels

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El niño se rio y le pidió a su abuela que detuviera el auto. Mientras se preguntaba qué estaba pasando, detuvo el auto al costado de la carretera y su nieto salió del vehículo. Miguel se acercó a Kevin y se subió a la parte trasera de la camioneta.

“¡Bonita cama!”, dijo el chico empujando a Kevin hacia el colchón. “Tienes una vida muy triste. No tienes ropa y vives en la parte trasera de una camioneta. ¡¿Quién querría ser amigo de un indigente?!”, dijo Miguel antes de regresar al auto de su abuela.

La abuela Betty observó a Kevin, que parecía lastimado por las palabras. Tenía lágrimas en los ojos y había enterrado su rostro entre sus manos mientras sollozaba.

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Cuando Miguel volvió a meterse en el automóvil comenzó a hablar de Kevin. “Abuela, ese es el perdedor de la clase. Vive en una camioneta, usa ropa donada por nuestros compañeros de escuela y tiene una tableta vieja rota. Es una pena. También te reirías de él”, dijo.

La abuela Betty no pudo seguir conduciendo. “Miguel, ¿cómo puedes ser tan cruel? ¡Así no te crie!”, dijo su abuela. “Imagina si estuvieras en los zapatos de Kevin. ¿Cómo te sentirías?”.

El chico se encogió de hombros. “Nadie se va a burlar de mí. Somos ricos y tengo todo lo que podría necesitar”.

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Una camioneta vieja estacionada en un patio. | Foto: Pexels

La abuela Betty estaba decepcionada y decidió corregir la actitud de su nieto malcriado. Le quitó toda la ropa nueva y la tableta y dejó de recogerlo en la escuela.

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Miguel se opuso, diciendo que era un castigo cruel, pero su abuela se mantuvo firme. “Necesitas aprender tu lección. Experimenta cómo vive Kevin y veamos si aún lo tratas de esa manera después”, le dijo.

El chico se vio obligado a usar ropa vieja para ir a la escuela y usar una tableta vieja de la tienda de su abuela, y pronto aprendió lo que se sentía ser blanco de burlas.

“¿Qué te pasó, Miguel? ¿Tu familia quebró?”, preguntó su amigo, riéndose de él.

“Supongo que tú y Kevin pueden ser mejores amigos ahora”, agregó su otro amigo.

El chico se sintió muy mal todo el día y, para empeorar las cosas, tuvo que caminar a casa desde la escuela. Su casa estaba a cinco kilómetros de distancia, lo que tomaría entre 45 minutos y una hora a pie.

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Después de caminar durante unos diez minutos, una camioneta vieja de repente le tocó la bocina. El vehículo disminuyó la velocidad y Miguel vio a Kevin y a su madre adentro. “Vamos, te llevaremos a casa”, le dijo Kevin.

Una anciana con el rostro enojado usando un sombrero rojo y amarillo. | Foto: Pexels

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Miguel estaba llorando cuando entró en el camión. Sollozó aún más cuando se sentó porque se sentía terrible por la forma en que había tratado a Kevin.

“Lo siento mucho”, le dijo a su compañero. “Nunca debí haberte juzgado. No puedo creer que tuviera que pasar por esto para darme cuenta de que estaba siendo una mala persona”.

“Está bien, Miguel. Te perdono”, le aseguró Kevin, y la madre del chico le dedicó una sonrisa tranquilizadora. “Mi mamá siempre me enseñó a tratar a todos con amabilidad, sin importar cuánto te hayan hecho daño. Ya no te sientas mal”.

Tan pronto como llegaron a la casa de Miguel, este invitó a Kevin y a su madre a entrar. La abuela Betty y la mamá del chico prepararon una buena comida para los cuatro.

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Miguel llevó a Kevin a su habitación y allí decidió darle a su compañero su ropa nueva y la tableta extra que tenía.

“¿Está seguro?”, le dijo Kevin, sorprendido. El chico asintió. “He sido bendecido con más de lo que merezco”, le dijo Miguel. “Me gustaría compartir mis bendiciones contigo”.

Los dos chicos pasaron toda la tarde jugando videojuegos hasta que la abuela Betty los llamó para cenar. Estaba orgullosa de su nieto por haber aprendido la lección y estaba segura de que crecería para ser un hombre amable y compasivo.

Platos ordenados sobre una mesa con comida. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

No te apresures a juzgar a las personas, pues no sabes por lo que están pasando. Antes de juzgar a alguien, debes entender que todos enfrentan una batalla que no muchos conocen. No cuesta nada practicar la empatía.

El primer maestro de un niño es su tutor principal. El tutor principal de un niño juega un papel importante en la formación del proceso de pensamiento y los gestos de una persona. Es crucial inculcar buenos valores, para que los practiquen cuando lleguen a la escuela.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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