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Adolescente rico se burla de pobre socorrista en una piscina: al otro día él salva a la mitad de su familia - Historia del día

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El socorrista de una piscina fue objeto de burlas por parte de un chico rico mimado que estaba de vacaciones con su familia. Al día siguiente el socorrista demostró su valía.

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Jonathan Tejera se tumbó en su sillón reclinable y miró con interés a un par de chicas guapas en bikini sentadas al borde de la piscina. Les dedicó su sonrisa más irresistible, la que mostraba sus hoyuelos, pero ellas apartaron la mirada.

Inclinaban sus cabezas juntas, riéndose y susurrando. ¿Se estaban riendo de él? ¡Entonces el chico notó que ni siquiera lo habían visto! Toda su atención se centraba en el socorrista.

Un joven con ropa casual y gafas de sol. | Foto: Pexels

Un joven con ropa casual y gafas de sol. | Foto: Pexels

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¡Estaban locas! Jonathan sabía que era extremadamente guapo, con un cuerpo perfecto que trabajaba religiosamente tres veces por semana en su gimnasio privado. Cualquiera que lo mirara notaría que era rico.

¿Qué les pasaba a esas chicas? ¡Estaban sonriendo, sacudiéndose el cabello y tratando de llamar la atención de un tipo tan pobre e insignificante que tenía que pasar todo el verano viendo a otros divertirse!

El chico luego dirigió su atención a su familia que estaba descansando en camillas cercanas. Su papá estaba recostado y tratando de relajarse mientras su mamá charlaba con su hermanita, Lisa.

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Ella tenía doce años y estaba en esa etapa tímida y desgarbada. No era particularmente bonita, pensaba Jonathan críticamente, pero teniendo en cuenta la riqueza de su padre, no le faltarían novios.

Él, por otro lado, creía que habría sido popular bajo cualquier circunstancia. Era alto, delgado y una estrella en el equipo de natación. Fue entonces cuando tuvo una idea.

Si a las chicas les impresionaban los nadadores, ¡les mostraría! Se levantó con un movimiento fluido y corrió hasta el borde de la piscina, luego saltó y se zambulló suavemente, justo en medio de un grupo de niños que retozaban.

Una chica con un bikini en una piscina. | Foto: Unsplash

Una chica con un bikini en una piscina. | Foto: Unsplash

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Las manos de Jonathan separaron el agua y se sumergió profundamente, luego emergió lejos del borde. Se pasó las manos por el pelo mojado y miró a las chicas. ¡Sí! Estaban mirando en su dirección...

Luego escuchó una voz fuerte que gritaba: “¡Por favor, no te lances a la piscina de esa manera! ¡Hay niños presentes que podrían haber resultado heridos!”.

Jonathan nadó hasta el borde de la piscina y miró hacia arriba. El socorrista lo miraba con severidad. “Te zambulliste justo al lado de unos niños pequeños. Podrías haberlos lastimado, le dijo al joven rico.

El chico vio que las muchachas miraban al salvavidas con la boca abierta de admiración. Entonces, una ola de ira y vergüenza lo invadió. “¿Quién te crees que eres?”, preguntó con arrogancia.

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Se puso de pie y se pavoneó hacia el socorrista, luego deseó no haberlo hecho. El joven era un poco mayor que Jonathan, tal vez veinte o veintiún años, y era más alto.

Él lo miró y se molestó de inmediato. “¿Cuál es tu nombre?”, demandó. “Soy una persona importante en esta ciudad. ¡Mi padre es amigo del alcalde y él paga tu salario!”.

Un socorrista sentado en su silla en una piscina. | Foto: Unsplash

Un socorrista sentado en su silla en una piscina. | Foto: Unsplash

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El salvavidas tenía ojos oscuros y tranquilos, y su voz era tranquila. “Soy David Cedeño”, respondió. “Seas quien seas, la seguridad de las personas en esta piscina es lo primero. Creo que, como alguien que es amigo del alcalde, la seguridad también sería una prioridad para ti”.

“¡Eres un perdedor!”, le gritó Jonathan al socorrista. “¿Quién te crees que eres? ¿Te sientas allí y crees que puedes darme órdenes?”.

El padre del chico se levantó y se acercó. "¿Qué está pasando?", preguntó.

“Este hombre”, dijo Jonathan mientras señalaba a David. “Me estaba regañando por zambullirme en la piscina. ¡A mí!”.

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“Joven”, dijo el padre de del chico con frialdad. “¡Quiero que sepas que mi hijo es un campeón de natación! Es un medallista de oro. ¡Dile algo a mi hijo otra vez y haré que pierdas tu trabajo!”.

“¡Sí!”, gritó Jonatán enojado. “¿Y te crees tan bueno? ¡Puedo nadar en círculos a tu alrededor! Puedo cruzar esta piscina antes de que puedas levantarte de tu silla. ¡No te necesitamos!”.

Un joven zambulléndose en una piscina. | Foto: Pexels

Un joven zambulléndose en una piscina. | Foto: Pexels

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David escuchó sus desvaríos con calma. “Por favor, actúa con sensatez para que todos podamos tener un verano seguro”, fue todo lo que dijo. Luego les dio la espalda y regresó a su silla.

Al día siguiente, Jonathan y su familia estaban de vuelta en la piscina. Él miraba al socorrista, quien lo ignoraba por completo, al igual que las chicas lindas. De repente, escucharon un grito proveniente de la piscina.

Su hermana Lisa se levantó. “¡Mamá, ven a nadar conmigo!”, dijo ella.

La mamá de Jonathan suspiró. “Cariño, no tengo ganas...”, dijo. “Pregúntale a papá”.

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“¡Sabes que papá no nada!”, dijo Lisa haciendo un puchero. “Por favor mamá, odio entrar sola”.

“¿Jonathan?”, preguntó su mamá. “¿Quieres entrar con Lisa?”.

El chico se estiró cómodamente y se burló: “¿Cómo crees? Tiene la edad suficiente para meterse en la piscina sola”.

Un hombre enojado agarrándose el cabello. | Foto: Unsplash

Un hombre enojado agarrándose el cabello. | Foto: Unsplash

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La mamá de Jonathan suspiró, sacudió la cabeza y se puso de pie. “¡Vamos, Lisa!”, dijo amablemente. “¡Sé que tan pronto como hagas algunos amigos estarás bien!”.

El chico observó cómo su madre y su hermana caminaban hasta el borde de la piscina y entraban sin chapotear. Rápidamente perdió interés en mirarlas y se puso a mirar a las chicas cuando escuchó un grito.

¡Lisa estaba luchando por mantenerse a flote! Jonathan sabía que ella era buena nadadora, así que no podía entender su pánico. Pero ella golpeaba con los brazos la superficie del agua y, mientras él miraba, su cabeza se hundió.

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Su madre estaba justo al lado de su hermana e inmediatamente la alcanzó, pero en su pánico, la jovencita lanzó los brazos desesperadamente alrededor del cuello de la mujer y estaba arañando sus hombros. ¡Su mamá también se estaba hundiendo!

“¡Jonatán!”, gritó su padre. “¡Ayúdalas!”, pero el chico estaba helado de horror. No podía pensar, no podía actuar.

Entró en pánico como si el agua estuviera inundando su propia nariz, llenando su garganta. Luego, una figura esbelta pasó como un rayo y se zambulló suavemente en el agua.

Un joven nadando en una piscina olímpica. | Foto: Unsplash

Un joven nadando en una piscina olímpica. | Foto: Unsplash

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En cuestión de segundos, David sacó la cabeza de Lisa del agua y la estaba remolcando hacia el borde de la piscina. Se la entregó al padre de Jonathan y luego se zambulló en busca de su madre.

Él la levantó y la sacó. Rápidamente la acostó y comenzó la reanimación boca a boca y las compresiones torácicas. La mamá de Jonathan comenzó a balbucear, toser y respirar entrecortadamente.

“Lisa”, gritó sin aliento. “¿Dónde está Lisa?”.

“Ella está bien”, dijo David suavemente y señaló hacia donde estaba sentada la temblorosa niña de doce años envuelta en una toalla. “Ambas están a salvo”.

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“Gracias”, sollozó la mamá de Jonathan. “¡No sé qué pasó! ¡Ella es buena nadadora, luego me agarró y ambas nos hundimos!”.

“¡Me dolía la pierna!”, dijo Lisa llorando. “¡No podía moverla, no podía nadar!”.

David asintió. “Eso es un calambre”, explicó. “La próxima vez que eso suceda, respira hondo. No entres en pánico, ¿de acuerdo? Flota sobre tu espalda y pide ayuda”.

Una niña chapoteando dentro de una piscina. | Foto: Unsplash

Una niña chapoteando dentro de una piscina. | Foto: Unsplash

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“Está bien”, dijo Lisa, mirando a David con adoración. El padre de Jonathan se adelantó y estrechó la mano mojada del socorrista.

“Hijo”, dijo. “Salvaste a mi esposa y a mi hija, y te debo dos vidas. Déjame recompensarte”. El papá de Jonathan sacó su billetera y comenzó a sacar billetes de $100.

Pero David negó con la cabeza y levantó la mano. “No, gracias, señor”, dijo. “Solo estaba haciendo mi trabajo”.

“Gracias”, dijo el padre de Jonathan con lágrimas en los ojos. “Mil veces gracias...”.

Al día siguiente, el joven rico estaba harto y cansado de escuchar sobre David y de escuchar los elogios de su madre, de su padre, y de Lisa, quien ahora estaba muy enamorada del salvavidas.

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“¡POR FAVOR!”, exclamó. “¿Podemos dejar de hablar de un tipo que gana $13 por hora como si fuera un héroe?”.

El padre de Jonathan no estaba contento. “Hubo un tiempo en el que hubiera estado feliz de ganar $13 por hora, Jonathan”, espetó el hombre.

Un hombre con varios billetes en su mano. | Foto: Pexels

Un hombre con varios billetes en su mano. | Foto: Pexels

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“Ser pobre no es una vergüenza. De hecho, quiero que recuerdes que tú nunca has ganado ni un centavo en tu vida por tu propio mérito. Lo que tienes y disfrutas, lo trabajé yo, y trabajé duro”.

“Las personas que hacen su trabajo bien merecen respeto, ya sea un limpiador, un neurocirujano o un salvavidas”.

Esa tarde, el papá de Jonathan habló con el alcalde y se enteró de que David trabajaba los veranos para pagar su educación universitaria. Creó un fondo universitario para él y lo nominó para una medalla por su trabajo como salvavidas.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

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Las personas que hacen bien su trabajo merecen respeto. Todo trabajo honesto tiene dignidad, y eso es lo que Jonathan tenía que aprender para convertirse en un buen hombre.

No juzgues a las personas por su estado financiero. Ser rico no te hace más importante o más valioso. Ser una buena persona sí.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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