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Mujer huye corriendo de su casa en llamas: meses después regresa y ve una casa de lujo en su lugar - Historia del día

Mayra Pérez
26 feb 2022
16:20
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Karen debió salir de su hogar a toda prisa, luego que este se quemara por completo en un feroz incendio. Meses después, regresó solo para ver una casa de lujo construida sobre su terreno.

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Karen Álvarez era una anciana muy querida en el tranquilo pueblo donde había estado desde siempre. A pesar de que vivía sola, nunca se sintió así porque era amiga de todos sus vecinos.

Se reunían afuera todas las tardes, compartiendo los bocadillos y las bebidas que habían preparado. Todos en el vecindario amaban y confiaban en Karen, y a menudo dejaban a sus hijos con ella por la tarde cuando necesitaban ir a algún lado. Ella les hacía pasteles y les enseñaba a dibujar.

Fachada de una lujasa casa. | Foto: Shutterstock

Fachada de una lujasa casa. | Foto: Shutterstock

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“¡Abuela Karen!”, gritaban los niños. “¿Puedes enseñarme a dibujar a Bob Esponja?”.

“¿A dibujar a quién?”, preguntaba cada vez que mencionaban un personaje de dibujos animados con el que no estaba familiarizada. Siempre se reía con los niños, y sentía que ellos la mantenían joven.

Karen usaba el teléfono celular que había comprado con ayuda de sus vecinos para buscar esos personajes que los niños le pedían. Luego, pasaban la tarde dibujando y coloreando hasta que sus padres los recogían por la noche.

“Karen. ¿Qué haríamos sin ti?”, le dijo una de las madres una noche.

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“No te preocupes, Carmen. Siempre estaré aquí. Amo mucho a tus hijos. Son como mis propios nietos”, respondió Karen, dándoles un abrazo antes de verlos caminar a casa.

Karen era feliz cuidando a esos niños, y lo hacía sin esperar nada a cambio. Sin embargo, sus vecinos le retribuían el favor con pequeñas propinas que ella utilizaba para comprar comestibles o medicamentos.

Un día, cuando regresaba del supermercado, se sorprendió al ver un automóvil negro de aspecto costoso estacionado frente a su propiedad. En su patio había un hombre con traje y una dama con un impecable conjunto.

“¿Puedo ayudarlos?”, preguntó Karen cuando llegó a su jardín.

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Una pareja bien vestida. | Foto: Pexels

Una pareja bien vestida. | Foto: Pexels

“¡Hola!”, dijo la dama, quitándose las gafas de sol para saludar a Karen. “Pasábamos por el vecindario y nos encontramos con este lote. Es mucho más grande que la mayoría de los de aquí”, comenzó a decir.

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“Bueno, sí. Esta casa ha estado con mi familia durante generaciones. Fue el primer terreno donde se construyó en esta área”, explicó Karen.

“¡Es bueno saberlo! Mi familia y yo queríamos mudarnos a este vecindario debido a su proximidad a las escuelas de nuestros hijos y a mi oficina. ¿Estaría dispuesta a vendernos el lote? Estoy dispuesto a pagar un alto precio por ello”, intervino repentinamente el hombre.

La oferta tomó por sorpresa a Karen, pero rápidamente respondió: “Lo siento, pero este lote no está a la venta y no lo estará mientras yo viva”.

“¿Vive aquí sola?”, preguntó la dama.

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“Así es”.

“Estoy segura de que puede ser bastante abrumador vivir aquí sin compañía. ¿No le iría mejor un apartamento más pequeño? Estaríamos más que felices de arreglar eso para usted también, si nos vende su lote”, dijo la mujer mientras se aferraba al brazo de su esposo esperando la respuesta de la anciana.

“Estoy perfectamente bien aquí. Gracias por su oferta, pero tendré que rechazarla. Que tenga un buen día”, dijo, mientras caminaba por el porche delantero para entrar a la casa.

Una anciana frente a un espejo. | Foto: Pexels

Una anciana frente a un espejo. | Foto: Pexels

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Una vez adentro, Karen vio que la pareja había seguido observando la propiedad durante unos minutos más hasta que finalmente se montaron en su automóvil y se alejaron.

Mientras tanto, Karen no pudo evitar sentirse desconcertada por lo que acababa de pasar. El lote había pertenecido a su familia durante décadas y ella había vivido en la misma casa toda su vida. La sola idea de venderlo le causaba molestia.

Un día se produjo un incendio en la casa de Karen por un cortocircuito. Desesperada, la anciana tomó lo básico antes de salir corriendo de la casa. Sus vecinos la consolaron mientras veía arder su hogar. Se la llevó una ambulancia y pasó la noche en una residencia.

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Al día siguiente, una enfermera le dijo: “Karen, lamento darte esta noticia: tu casa se quemó por completo anoche. El fuego se propagó demasiado rápido y los bomberos no pudieron salvarlo”.

“Es una lástima. No tengo suficiente dinero para reconstruirlo”, dijo, mientras las lágrimas corrían por su rostro. La anciana estaba desconsolada; esa casa era el único hogar que había tenido.

“Estamos felices de brindarte refugio aquí en el asilo de ancianos. Te cuidaremos, e incluso puedes interactuar con personas de tu edad. Podría ser algo que te llegue a gustar”, dijo la enfermera, tratando de consolarla.

Karen se sentía impotente, ya que no tenía adónde ir. No había tenido hijos, y los hijos de su hermana tenían sus propias vidas y no quería molestarlos. Entonces, accedió a mudarse al hogar de ancianos.

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Durante meses, Karen intentó adaptarse, pero no era feliz. Aunque disfrutaba de los juegos de mesa y de los paseos con quienes vivían en el hogar de ancianos, anhelaba la compañía de sus vecinos, quienes eran como su familia.

Manos de una persona mayor coloreando un dibujo. | Foto: Pexels

Manos de una persona mayor coloreando un dibujo. | Foto: Pexels

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Con frecuencia se comunicaba con ellos por videollamadas, y los niños le hacían saber cuánto la extrañaban. “¿Cómo estás, abuela Karen? ¿Cuándo vendrás de visita?”, preguntaban con insistencia.

Durante una de sus llamadas, Karen le preguntó a su vecina Carmen si podían recogerla para visitar su vecindario. “¿Crees que puedes firmar mis papeles de liberación para que pueda pasar la tarde en nuestro vecindario?”, le pidió.

“¿Sabes qué, abuela Karen? Preguntaste justo a tiempo. ¡Hay algo que quería mostrarte aquí también!”, le dijo Carmen, sonriendo. “Iré a buscarte mañana”.

Esa noche, Karen no pudo dormir. Estaba demasiado emocionada por volver al lugar al que llamaba “hogar”. Tampoco podía esperar para ver a todos los niños y dibujar con ellos aunque fuera solo por la tarde.

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Cuando llegó Carmen, Karen se apresuró a darle un abrazo. “Mi querida Carmen. Gracias por conducir todo el camino para venir a buscarme”, dijo.

“¡Por supuesto, abuela Karen! ¡Te queremos mucho! Ahora vamos, todos están esperando que vuelvas a casa”, sonrió Carmen, sosteniéndola por el brazo para guiarla hacia la puerta.

Mientras conducían por el pueblo, Karen se sorprendió al ver que en su terreno había una hermosa casa nueva. “¿Me... me quitaron el lote?”, preguntó con tristeza.

“Es lo que ellos querían. No dejaban de regresar. Pero no te preocupes, abuela Karen. Todos los vecinos les dijimos que el terreno no estaba en venta”, explicó Carmen.

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Anciana sonrie feliz. | Foto: Pexels

Anciana sonrie feliz. | Foto: Pexels

“Entonces, ¿por qué hay una casa nueva aquí?”, preguntó Karen, sorprendida. En ese momento, Carmen estacionó el auto y ambas descendieron para ver más de cerca la lujosa casa nueva que se encontraba donde solía estar la anterior.

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“Bueno, esa pareja estaba sorprendida por cuánto te amaba este vecindario. Así que organizaron una recaudación de fondos para construir este nuevo hogar para ti, ¡e incluso donaron una gran cantidad! ¡Este es tu nuevo hogar!”, dijo Carmen, emocionada.

Karen no podía creer lo que veía. “¿Esto es mío?”, dijo con asombro.

“Seguro que lo es. Ahora, vamos a echar un vistazo dentro”, dijo Carmen mientras la guiaba por las escaleras.

Cuando se abrió la puerta, todos sus vecinos, sus hijos y la generosa pareja estaban adentro, listos para celebrar con ella. “¡SORPRESA!”, gritaron todos.

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Karen se sintió abrumada y llena de agradecimiento y felicidad. No pudo evitar sollozar sobre los hombros de Carmen. “Este es el mejor regalo que he recibido”, dijo.

“Gracias. Muchas gracias por darme este hermoso hogar. Durante los últimos meses, me sentí muy sola en el asilo de ancianos. Pensé que iba a morir allí. Pero me hicieron compañía durante todo el tiempo con sus llamadas”.

Anciana resplandece de alegría. | Foto: Pexels

Anciana resplandece de alegría. | Foto: Pexels

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“Y ahora, me trajeron de vuelta a casa. Aquí es donde pertenezco y estoy muy agradecida por poder vivir aquí de nuevo”, dijo, mientras las lágrimas aún corrían por su rostro.

Cada persona en el salón se turnó para abrazarla hasta que llegó el turno de los niños. “¡Tenemos una sorpresa más para ti, abuela!”, dijeron, tomándola de las manos mientras la conducían a una de las habitaciones.

“¡Aquí puedes enseñarnos a dibujar todos los días!”, exclamaron los niños. Entraron en un estudio de pintura, totalmente equipado con todos los materiales que pudieran necesitar.

“Esto es tan hermoso”, dijo Karen con una hermosa sonrisa que iluminaba el lugar.

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Desde entonces, niños acudían a ella para aprender a dibujar. Incluso los hijos de aquella pareja interesada en su lote venían desde un pueblo cercano solo para estudiar con ella.

Esta vez, la abuela Karen decidió no volver a aceptar dinero de los padres de sus alumnos. Ofreció sus servicios de forma gratuita, para retribuir a la comunidad por la amabilidad y generosidad que le habían mostrado.

Un college de dibujos. | Foto: Pexels

Un college de dibujos. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

La familia va mucho más allá de los parientes consanguíneos. La abuela Karen no tuvo hijos propios, pero nunca se sintió sola gracias a sus vecinos que se convirtieron en familia para ella.

Siempre debemos cuidar a nuestros mayores. El respeto y el cariño que la comunidad sentía por Karen los inspiró a unir sus fuerzas para construirle una casa después de que la suya se incendiara.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.
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