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Niña disgustada hablando con su padre | Foto: Shutterstock
Niña disgustada hablando con su padre | Foto: Shutterstock

Padre pobre defiende a su hija del hijo malcriado de su jefe y consigue un ascenso - Historia del día

Georgimar Coronil
28 dic 2022
15:00

Tras enterarse de que el hijo de su jefe acosaba a su hija, Harold tomó cartas en el asunto. Llegó a sospechar que sus acciones le ocasionarían problemas y le despedirían. Pero lo que ocurrió a continuación superó todas sus expectativas.

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Harold era el padre de Tábata y trabajaba como directivo en una empresa privada. Como la mayoría de los papás, quería hacer lo mejor por su pequeña, pero tenía deudas, una hipoteca y muchas facturas que pagar cada mes.

Como consecuencia, el hombre tenía que pensárselo dos veces antes de comprar algo para él o para Tábata. Eso explicaba por qué, a pesar de llevar seis años trabajando en el mismo puesto sin ascender, apreciaba su trabajo. Al fin y al cabo, ¿de qué otra forma podría mantener a su hija?

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Pero todo cambió un día. Tábata llegó a casa llorando y se negó a hablar con él. A pesar de que Harold le preguntaba una y otra vez si le había pasado algo en el colegio, ella no le contaba nada. Pero pronto, él se topó con su diario personal, y lloró al leerlo.

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"Tábata, cariño, bienvenida a casa". Harold estaba poniendo la mesa del almuerzo cuando ella entró, pero ni siquiera lo miró y corrió a su habitación, llorando.

"¡Oye, Tábata! Espera".

Harold fue tras ella, pero la chica cerró la puerta.

"Tábata, cariño, ¿qué pasa? ¿Estás bien?", le preguntó, pero ella solo respondió: "¡Déjame en paz, papá! No quiero hablar".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

"Cariño, ¿está todo bien?", volvió a preguntar.

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"¡Vete, papá! Por favor", gritó ella. "¡No necesito tu ayuda! No la necesito".

Harold se fue. Le dio a Tábata el espacio que necesitaba. Era una adolescente y a veces les cuesta compartir cosas con sus padres.

Una hora más tarde, Tábata salió de su habitación y se marchó de casa.

"¿Adónde vas, Tábata? No has almorzado y yo tengo que irme a trabajar", le preguntó antes de que se fuera.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

"Vete a trabajar, papá. Me voy a casa de Susana", dijo ella mientras cerraba la puerta.

Harold venía a casa todas las tardes para almorzar con su hija. Después, la chica se quedaba en el hogar de Susana hasta que él volvía.

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El padre estaba a punto de irse a trabajar ese día, pero no lo hizo porque estaba preocupado por Tábata. No la había visto tan perturbada desde que murió su madre. Sabía que lo que iba a hacer estaba mal, pero decidió revisar su habitación, pensando que encontraría algo que explicaría su mal humor.

Cuando Harold entró en la habitación de Tábata, vio que estaba hecha un desastre. Debía de estar furiosa, pensó. Su bolso estaba tirado en el suelo y de él salía un diario.

El hombre tomó el bolso y empezó a meter el diario dentro cuando se dio cuenta de que algunas de las páginas estaban arrugadas y tenían huellas de zapatos, como si alguien las hubiera pisado.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

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Harold estaba preocupado porque sabía que esas huellas no pertenecían a los zapatos de Tábata. ¿Habían acosado a Tábata en el colegio?

El papá se sentó en la cama de su hija, leyendo el diario desde la primera entrada hasta la última, y al final lloró.

Tábata había escrito sobre todo, incluida la muerte de su madre, pero fueron las últimas líneas las que hicieron que Harold llorara como un niño.

"Querido diario: Papá me quiere, lo sé", decía uno de los párrafos. "Pero me siento muy dolida cuando defiende a Arturo. Es el hijo del jefe de papá. Me siento muy dolida. ¿Puede papá, por favor, ponerme a mi primero? ¿Por qué tiene que favorecer a Arturo cuando sabe cuánto me molesta Arturo? Siempre me dice que todo irá bien, pero nada va bien. Nada".

Harold pasó a la siguiente línea, y eso le hizo llorar aún más.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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"¡Papá es un cobarde! Nunca me ayuda. La tarde pasada le conté cómo Arturo vació la botella de agua en mi asiento y se burló de mí, y lo único que dijo fue: '¡Cariño, no debemos ser malos con los demás solo porque son malos con nosotros!'. ¡Papá no sabe todo lo que hizo Arturo! Leyó mi diario delante de toda la clase, y todos esos niños malos… se rieron de mí. Te extraño, mami. Papá ha cambiado. Creo que ya no me quiere. Ojalá estuvieras aquí, mami…".

Harold cerró el diario, lo metió en el bolso de Tábata y salió de la habitación. Al día siguiente, llegó a su colegio para recogerla y se dio cuenta de que Arturo le tiraba del pelo y se burlaba de ella mientras salía por la puerta del colegio.

"¡Déjame en paz, Arturo!", le dijo Tábata. Pero Arturo no dejaba de burlarse de ella.

En ese momento, Harold decidió defender a su hija.

"¡Detente ahí, chico!", gritó Harold, corriendo hacia su hija, Tábata. "¡Deja de molestar a mi hija!".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

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"¡Papi!", Tábata lo abrazó llorando.

"¿Estás bien, cariño?". Harold la consoló y luego se volvió hacia Arturo. "Si vuelves a molestar a mi hija, chico, habrá consecuencias, ¿de acuerdo?

Coincidentemente, el padre de Arturo (el jefe de Harold, el Sr. Fernández) había venido a buscarlo a la escuela ese día y se dio cuenta de lo que estaba sucediendo.

"Se olvida de quién soy yo. ¡Su jefe es mi papá!", se rio Arturo. "¡No puede hacer nada!".

Harold perdió la calma. "¡Creo que tu papá no te enseñó a comportarte con los mayores! Sé que has estado molestando a Tábata, ¡y no me quedaré callado si no cambias tu conducta!".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

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"¿Qué pasa, Arturo?", preguntó el Sr. Fernández, acercándose a ellos. "¿Por qué está enfadado el padre de Tábata?".

Antes de que Arturo dijera nada, Harold empezó a gritarles a padre e hijo, contándoles cómo había descubierto lo que Tábata estaba pasando en la escuela y cómo Arturo la acosaba y la molestaba. El señor Fernández se sorprendió al ver cómo su empleado, que siempre había sido un hombre tranquilo e introvertido, arremetía contra él.

"¡Te espero mi oficina mañana, Harold!", dijo con severidad el padre de Arturo tras escuchar la conversación, "¡Hablaremos allí!". Luego, el hombre se dio la vuelta y se alejó con su hijo.

Harold estaba seguro de que lo despedirían, pero se alegró de haber defendido a su hija. Y esa noche, tuvo una idea…

Al día siguiente, entró en el despacho del Sr. Fernández y le presentó su dimisión.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

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"Antes de que me despida, señor", dijo, "me gustaría presentar mi dimisión. No me arrepiento de lo que les dije ayer a Arturo y a usted. Mi hija es mi vida y significa para mí más que cualquier otra cosa".

"Entonces, ¿qué te parece si le das a tu hija una noticia de mi parte, Harold?", preguntó el señor Fernández.

Harold estaba confundido.

"Ve a casa hoy después del trabajo y dile que te han ascendido a director regional", anunció el señor Fernández.

"Me intriga saber dónde ha estado este Harold todos estos años… el hombre seguro de sí mismo que defendió a su hija. Creo sinceramente que necesitamos líderes así, personas que luchen por lo que es justo y sepan afrontar las situaciones sin prejuicios. ¡Me gustaría que hablaras con cualquier cliente que quiera que le ofrezcamos mejores condiciones de cooperación! Eres un hombre con talento, Harold, ¡y te lo mereces!".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

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Harold estaba llorando y no podía creer lo bien que se habían desarrollado las cosas. El Sr. Fernández también se disculpó por las acciones de Arturo y dijo que lo había castigado.

"Y te alegrará saber que se está convirtiendo en un caballero", le dijo a Harold. "Le he dicho que no tendrá internet ni dinero de bolsillo hasta que enmiende lo que ha hecho. Tiene que llevarle una rosa a tu hija todos los días y ayudar al conserje del colegio. Como padres, debemos guiar a nuestros hijos en la dirección correcta".

¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • Darle amor a los hijos es lo más importante: Harold temía perder su trabajo si se enfrentaba a Arturo, pero dejó de preocuparse por eso cuando leyó el diario de Tábata y se dio cuenta de lo equivocado que había estado.
  • Como padres, debemos enseñar a nuestros hijos la diferencia entre lo bueno y lo malo: El castigo del Sr. Fernández ayudará a Arturo a convertirse en un mejor ser humano.

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Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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